Una tela colgada puede parecer una sucesión de rayas claras y oscuras. En cuanto miras qué parte avanza, cuál retrocede y dónde una forma proyecta sombra sobre otra, los pliegues empiezan a tener sentido. Vamos a pintar una tela clara con tres caídas verticales y luz desde arriba a la izquierda.
El ejercicio se centra en distinguir la cresta del pliegue, el valle y la sombra proyectada. La cresta es la zona que sobresale; el valle, la que se hunde entre dos partes de la tela. Una sombra proyectada aparece cuando una zona tapa la luz a otra. No siempre tienen el mismo borde.
Materiales y mezclas iniciales
- Soporte imprimado o papel para acrílico de unos 20 × 30 cm.
- Acrílicos blanco de titanio, ocre amarillo, azul ultramar y tierra sombra tostada.
- Pincel plano sintético de 12–15 mm, lengua de gato de unos 8 mm y redondo pequeño.
- Paleta, agua, paño y lápiz.
- Referencia del ejercicio o una tela clara colgada con tres pliegues amplios bajo una luz estable.
Prepara un claro con blanco y una punta de ocre. Para el medio, añade pequeñas cantidades de tierra y azul. Para el oscuro, aumenta tierra y azul sin llevarlo a negro puro. Haz una muestra de los tres: deben diferenciarse incluso al entornar los ojos.
Elige un fondo gris azulado algo más oscuro que la tela. Así podrás conservar bordes claros sin dibujar un contorno oscuro alrededor. Trabaja en un formato que deje margen a los lados y abajo de la caída.
1. Encaja la silueta y bloquea los valores grandes
Dibuja la línea superior de sujeción, los laterales y el borde inferior irregular. Marca dónde nacen los tres pliegues y cómo se abren al bajar. Evita hacer tres cilindros idénticos: cada caída tendrá una anchura distinta y el borde inferior mostrará esa diferencia.
Cubre el fondo con el pincel plano. Deja secar si necesitas mantener su encuentro limpio con la tela. Rellena después toda la tela con el tono medio claro y distribuye las grandes zonas de sombra, todavía sin buscar degradados perfectos.
Coloca cada oscuro en el valle correspondiente, comparando su anchura con la franja iluminada de al lado. Los valores deben explicar cómo gira la tela. Si una banda oscura queda centrada en una cresta, la forma se invertirá visualmente.
Mantén el borde inferior sencillo. No añadas arrugas pequeñas ni el tejido. Antes de continuar, aléjate: con tres o cuatro manchas debería entenderse que la superficie cuelga y tiene partes que se adelantan.

2. Modela las crestas y diferencia las sombras
Con el lengua de gato, añade el tono claro a la zona de cada pliegue que recibe la luz de arriba a la izquierda. Sigue la caída con pinceladas verticales o ligeramente curvas. La franja clara no tiene por qué recorrer toda la tela con el mismo ancho.
Mientras las mezclas sigan húmedas, une algunos encuentros con una pasada suave del pincel limpio y descargado. Trabaja una zona pequeña cada vez. Cuando el acrílico empiece a ofrecer resistencia, deja secar y continúa con otra capa; insistir en ese momento puede levantar o arrastrar pintura.
En el cambio amplio de una cresta hacia un valle, utiliza medios tonos para conseguir una transición gradual. En cambio, bajo un doblez que proyecta sombra sobre la tela, conserva un límite más definido cerca del contacto. Esa alternancia evita que todo parezca una serie de tubos blandos.
Revisa los nacimientos superiores. Los pliegues se agrupan y estrechan cerca de la sujeción; hacia abajo tienen más espacio para abrirse. Pinta esas relaciones sin añadir líneas oscuras por costumbre. Una pequeña forma triangular de sombra puede describir la tensión mejor que varios trazos finos.
Compara la oscuridad de los valles entre sí. El que queda más escondido puede necesitar más contraste, pero no conviertas los tres en franjas negras iguales. Conserva parte del color de la tela dentro de la sombra.

3. Ajusta bordes, luces y el peso de la caída
Deja secar antes de colocar los últimos acentos. Con el pincel pequeño, refuerza unos pocos contactos profundos en la zona superior y donde el borde se pliega hacia dentro. Usa la mezcla oscura, no negro añadido automáticamente.
Recupera con el claro dos o tres crestas que necesiten más luz. El blanco casi puro puede reservarse para un tramo muy iluminado, pero no lo apliques como una línea continua. La luz cambia con el giro de la superficie.
Revisa el encuentro de la tela con el fondo. Mantén nítido algún borde que explique una cresta y suaviza otros si la referencia lo pide. Una forma no necesita la misma definición en toda su silueta.
En la parte inferior, observa qué borde avanza y cuál queda detrás. Una pequeña sombra y un cambio de dirección pueden sugerir el peso sin dibujar más arrugas. Detente cuando los tres pliegues se lean como parte de una sola tela y no como elementos independientes.

Si los pliegues parecen rayas
- Claros y oscuros tienen el mismo ancho: revisa la referencia y varía las proporciones de cada franja.
- Todas las sombras tienen bordes suaves: identifica al menos una sombra proyectada que necesite un límite más claro.
- La tela parece rígida: comprueba cómo se abren los pliegues y cómo cambia el borde inferior.
- Hay demasiados detalles: vuelve a mirar los valores grandes. Las pequeñas arrugas deben depender de ellos.
¿Puedo hacer el ejercicio con una tela de color?
Sí. Conserva la organización de valores y cambia las mezclas según lo que observes. En una tela roja, por ejemplo, no aclares todo con blanco por sistema ni oscurezcas todo con negro. El color de la luz y del entorno también influye. La tela clara facilita esta primera lectura, pero no es una obligación.
La observación de pliegues sirve para bodegón, retrato y figura. Si quieres relacionarla con otros problemas de luz y volumen, consulta el curso de pintura y dibujo Iniciación + Avanzado. Comparte tu estudio con @arteescuela_ y señala qué borde cambiaste para que la tela ganara profundidad.
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