Hay un momento raro cuando miras un buen óleo (o un buen acrílico trabajado con intención): no ves “pintura”, ves atmósfera. La piel parece tener temperatura, una sombra tiene vida, el fondo no está “detrás” sino dentro de la escena. No es magia. Es una técnica antigua y muy concreta: la veladura.
La veladura es el arte de decir mucho con muy poco. En vez de construir el cuadro a base de capas opacas que lo tapan todo, trabajas con capas finas, transparentes o semitransparentes, que tiñen lo que hay debajo. Como si pusieras filtros de luz, uno encima de otro, hasta que la imagen empieza a respirar.
En esta entrada vas a entender qué es una veladura (de verdad), para qué sirve, cómo se hace paso a paso, qué errores la arruinan y cómo puedes empezar hoy mismo sin complicarte.
Qué es una veladura (sin lírica, con precisión)
Una veladura es una capa muy fina de pintura con un alto grado de transparencia (o semitransparencia) que se aplica sobre una capa ya seca (o al menos asentada) para modificar:
- el color (enfriar, calentar, apagar, saturar),
- la luz (hacer que brille o se apague),
- la profundidad (crear distancia, “aire”, volumen),
- y la unificación (que todo tenga la misma atmósfera).
La clave: una veladura no tapa, transforma. No “pintas encima”: ajustas.
Piensa en un cristal tintado. Lo que hay debajo sigue ahí, pero cambia su temperatura, su valor, su energía.
Por qué la veladura funciona tan bien: la ilusión óptica que enamora
El ojo humano no “lee” una capa por vez. Lee el resultado de luz que entra, rebota y vuelve. Cuando velas:
- la luz atraviesa la capa transparente,
- se encuentra con la capa inferior,
- rebota y regresa “coloreada” por esa veladura.
Eso crea un efecto que cuesta imitar con una sola capa opaca: profundidad luminosa. Por eso muchas pinturas con veladuras se sienten “ricas” incluso con pocos recursos.
Para qué se usa: 7 superpoderes de la veladura
1) Corregir color sin repintar
¿Una sombra quedó demasiado verde? ¿La piel demasiado rosa? Velas y corriges sin destruir lo construido.
2) Unificar una paleta
Cuando un cuadro se ve “a trozos” (cada zona con un clima distinto), una veladura sutil puede darle coherencia.
3) Profundidad atmosférica
Fondos que se alejan, aire entre planos, perspectiva sin líneas duras.
4) Piel realista sin barro
La piel no es un tono plano. Las veladuras permiten “subir” matices: rojos en mejillas, verdes/grises en mandíbula, violetas en ojeras… sin empastar.
5) Brillos y joyas sin blanco “tiza”
Un brillo puede ser también una veladura (sí): un toque transparente bien colocado da sensación de esmalte o barniz.
6) Sombras con vida
En vez de oscurecer con negro, velas con complementarios o tonos transparentes y la sombra vibra.
7) Construir un cuadro “desde dentro”
Es la gran diferencia: no pintas una superficie, construyes capas de historia.
Veladura vs. aguada vs. barniz: que no te líen
- Aguada: pintura muy diluida (a menudo con agua) que se comporta más como tinta; suele manchar el soporte y se usa mucho en papel.
- Veladura: capa controlada sobre una base ya estable, buscando transparencia óptica y ajuste de color/luz.
- Barniz: capa protectora final (o intermedia) que unifica brillo y protege. No “corrige color” del mismo modo (aunque afecta la percepción).
Materiales: lo mínimo para velar bien
Si pintas en óleo
- Pintura al óleo (mejor si es un pigmento transparente o semitransparente).
- Medium (puede ser simple: aceite + disolvente, o un medium comercial).
- Pincel suave (lengua de gato o plano suave) + uno limpio para “fundir”.
- Paño/papel para descargar.
Idea clave en óleo: veladura = pintura + medium, pero sin pasarte. Si queda “aceitoso” y brillante como plástico, has puesto demasiado medium.
Si pintas en acrílico
- Acrílico + glazing medium (medium para veladuras) o retardador/medium adecuado.
- Pinceles suaves.
- Pulverizador fino (opcional) para evitar que se seque demasiado rápido.
Idea clave en acrílico: no veles “solo con agua” si quieres control y calidad; el agua en exceso puede debilitar la película. Mejor medium.
La regla de oro: base seca + veladura fina + paciencia
Si hay una frase que resume la técnica es esta: capas finas, decisiones lentas.
- Base seca: para que la veladura no se mezcle y ensucie.
- Capa fina: para mantener transparencia.
- Paciencia: porque el resultado aparece por acumulación.
Paso a paso: cómo hacer una veladura que no quede sucia
1) Decide qué quieres cambiar (una sola cosa)
Antes de mezclar: ¿quieres calentar?, ¿enfriar?, ¿oscurecer?, ¿unificar?, ¿bajar saturación?
Si intentas corregir todo a la vez, la veladura se vuelve barro.
2) Elige un color transparente (o semitransparente)
Hay pigmentos más transparentes que otros. Si el tuyo es muy opaco, te tapará.
Atajo práctico: si al extenderlo fino ya “cubre”, no es buen candidato para velar (salvo veladuras muy controladas).
3) Mezcla: poca pintura, medium justo
Haz una mezcla que, al probarla en una zona, deje ver lo de abajo claramente. Debe sentirse como un tinte, no como una capa de pintura “normal”.
4) Aplica y descarga
Aplica con pincel suave, y luego descarga con el mismo pincel más limpio o con un paño: quitas exceso y controlas transparencia.
5) Funde bordes
Veladura con borde duro = mancha. Trabaja húmedo y suaviza transiciones.
6) Deja secar y evalúa
La veladura engaña en mojado. Espera, mira a distancia, decide si necesitas otra.
Ejemplos rápidos: 5 veladuras típicas que cambian un cuadro
Piel “muerta” → piel viva
- Base: medios tonos correctos.
- Veladura: un toque cálido (rojizo suave) en mejillas, nariz, orejas; un toque frío (azulado/verdoso muy suave) en mandíbula y sien.
Fondo que compite → fondo que acompaña
- Veladura oscura y fría para empujar atrás, o cálida suave para unificar el ambiente (como “humo de luz”).
Sombra plana → sombra profunda
- Veladura con un color complementario muy controlado para enriquecer el oscuro sin “negro sucio”.
Demasiado contraste → contraste elegante
- Una veladura general muy suave puede “pegar” valores sin perder estructura.
Falta de atmósfera → atmósfera inmediata
- Veladura global con un tono “clima” (sepia cálido, azul grisáceo, verde humo, etc.) aplicada muy sutilmente en zonas.
Errores típicos (y cómo evitarlos)
Error 1: velar demasiado opaco
Solución: menos pintura, más control, descarga con paño.
Error 2: velar sin secado suficiente
Solución: espera. Si se mezcla, se ensucia.
Error 3: meter demasiado medium
Solución: no busques “cristal”, busca “tinte”. Si brilla como charco, vas pasado.
Error 4: corregir con veladura lo que es un problema de dibujo/valor
Solución: la veladura no arregla proporciones ni valores mal construidos. Primero estructura, luego velas.
Error 5: repetir veladuras sin intención
Solución: cada veladura debe tener una misión concreta. Si no, sumas capas y restas claridad.
Ejercicio práctico de 20 minutos para entenderlo (sin arruinar un cuadro)
Material
Un soporte pequeño (papel imprimado o tabla), dos colores + blanco, y medium.
Pasos
- Pinta una esfera simple con luces y sombras (en gris o un color). Deja secar lo mínimo necesario.
- Aplica una veladura cálida en la zona de luz media.
- Aplica una veladura fría en sombra.
- Mira cómo cambia el volumen sin repintar nada.
Si haces esto dos o tres veces, tu mano aprende la lógica.
Cuándo NO usar veladuras
- Cuando necesitas un gesto directo y mate (alla prima puro).
- Cuando estás en fase de bloqueo de valores y aún no tienes estructura.
- Cuando tu cuadro ya está confuso: añadir capas puede empeorarlo si no hay plan.
La veladura es increíble… pero es cirugía fina. Primero hueso, luego piel.
La mayoría de gente falla con veladuras por una razón simple: quieren que la capa haga el trabajo “de una vez”. Y la veladura no funciona así. Funciona por acumulación, como un buen texto persuasivo: una frase no convence; la suma de frases con intención, sí.
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